Los Arboles Mueren De Pie

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RESEÑA:
El teatro impresionista y simbólico de Alejandro Casona (1903-1965) consigue, en Los árboles mueren de pie, una de sus piezas más brillantes por el juego de dos mundos: el de los deseos y el de la realidad.
Si, en los protagonistas, hay un rechazo del realismo por su exceso de brutalidad, y una aceptación de la fantasía como sustituto, al final los personajes, con un gesto de energía humana, comprenderán que aceptar esa realidad, aunque dolorosa, es la forma más hermosa y digna de vivir la existencia. Los árboles mueren de pie es una de las piezas en que mejor se combina la realidad y la fantasía de Alejandro Casona.


BIOGRAFIA: (2338)
Alejandro Rodríguez Álvarez, conocido como Alejandro Casona, nació el 23 de marzo de 1903, en Besullo (Asturias).
Comenzó sus estudios en el Instituto Jovellanos de Gijón, continuándolos en Murcia, donde obtuvo su título de Bachiller, en 1920.
Hijo de maestros, prosiguió la tradición familiar docente, pero encendiéndose en él, además, la vocación literaria. Ésta fue incentivada por sus profesores, como Andrés Sobejano y Dionisio Sierra, a quienes conoció en los inicios de sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras, y en el Conservatorio de Música y Declamación.
En 1920, apareció su primera obra: “La empresa del Ave María”, romance histórico galardonado en los Juegos Florales de Zamora.
Su trabajo de maestro, lo convirtió en Inspector, luego de capacitarse durante 4 años. En 1928, fue trasladado por el Ministerio de Instrucción Pública, al Valle de Arán.
De su unión con Rosalía Martín, nació su hija Marta, en 1930. Ese año adoptó el seudónimo de Alejandro Casona, al firmar de ese modo su libro de poemas, “La flauta del sapo”.
En 1931 dirigió el “Teatro del pueblo” o “Teatro ambulante”. Esto le permitió llevar a recónditos lugares de España, la adaptación de los clásicos españoles, como por ejemplo: “Sancho Panza en la Ínsula”.
Su obra, “Flor de leyendas” le permitió acceder al Premio Nacional de Literatura en 1932, pero su gran consagración la obtuvo con “La sirena varada”, elogiada por el público y la prensa. Fue estrenada en 1934, y relata los problemas entre Ricardo y la Sirena María, por los ambientes distintos a los que pertenecen. Esta obra recibió, en 1933, el premio Lope de Vega.
En “Nuestra Natasha”, mostró a una Doctora enseñando en el Reformatorio donde ella misma se formó. Las autoridades se oponían a esta experiencia, por el temor de los lazos afectivos que la profesional había creado con las internas. Fue una obra profunda y exitosa, que cosechó infinidad de elogios.
Tras el desencadenamiento de la Guerra Civil española, se dirigió a Francia, y luego recorrió en gira varios países de Latinoamérica. En México exhibió, en 1937 “Prohibido suicidarse en primavera”.
En 1939 se radicó en Buenos Aires, donde trabajó para periódicos, cine y radio. Escribió “Los árboles mueren de pie” y “La dama del Alba”. Ésta se representó el 3 de noviembre de 1944, contando la historia romántica de Angélica, que luego de su casamiento, huyó junto a su amante.
En 1945, se estrenó “La barca sin pescados”, y en 1949 surgió “El retrato jovial”, con cinco farsas breves para el “Teatro ambulante”, de los años 30.
Retornó a España en 1962, donde estrenó el 22 de abril “La dama del Alba”, en el teatro Bellas Artes, de Madrid.
En 1964, representó “El caballero de las espuelas de oro”, mostrando el ocaso de Francisco de Quevedo.
Este gran dramaturgo y poeta español, falleció el 17 de septiembre de 1965, a la edad de 62 años.

Los Arboles Mueren De Pie

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